Escenario de muerte

11.02.2018

          La noche era estrellada, los dos ejércitos se habían citado en la llanura norte del reino. Ambos contendientes, ávidos de sangre, no podían esperar más. Solo era cuestión de horas  que el verdor del paisaje se tornara en rojizo. Todos sabían que desde ese día nada sería igual, una de las armadas sucumbiría y su respectivo reino se ahogaría en el desasosiego y el dolor. Dos únicas alternativas se barajaban entre los contendientes: victoria y vida o derrota y muerte. A pesar de las consecuencias tan funestas y terribles que les acechaban, el odio y la rabia se habían adueñado tiempo atrás de sus corazones. La confrontación era ya irreversible y tendría lugar al inicio del amanecer en las afueras de la principal villa del reino local. 

Las luchas duraron más de 4 días dejando a su paso una ola de destrucción y muerte. Finalmente, el bando local se impuso gracias al apoyo que recibió de la población contigua, de hecho, los civiles se habían unido a las huestes locales en el último momento para contrarrestar al enemigo. Sin embargo, el panorama resultaba desolador, crueles y despiadados los soldados, remataban con sus picas y lanzas a los sobrevivientes en un alarde de inhumana indiferencia. A su alrededor, todo se encontraba sosegado y calmado, como si cualquier ente vivo, temeroso por la reacción de los vencedores, desdeñara acercarse en exceso.


Fuente: Guerreros de la historia
Fuente: Guerreros de la historia


Los dioses habían permanecido quietos durante la batalla sin mediar a favor de ningún lado, al igual que lo habían estado en carnicerías previas. Pero ahora no podían soportar coyuntura tan bochornosa. La ira, la envidia y la codicia habían convertido a los hombres en seres inmorales y sin piedad que habían perdido todo ápice de humanidad, razón suficiente para las deidades para el establecimiento de un duro y ejemplar castigo. En efecto, la matanza no podía quedar impune, por lo que el jefe supremo divino, Astrard, condenó al reino con una mortal sequía. Cinco meses más tarde, quedaban únicamente unos pocos reductos de vida, a los que el ser divino ejecutó con su guadaña sin ningún miramiento. 


Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar